El enlace del heredero de la corona con una plebeya ha desempolvado el antiguo debate Monarquía o Republica. La caída de la dictadura trajo la restauración monárquica, en el periodo convulso de la transición esta institución fue entendida por todas las fuerzas políticas, incluso las que defienden un ardiente republicanismo, como un elemento conciliador de las dos Españas.
Cumplidos los 25 años de constitución, el papel de la monarquía como garante del Estado ha dejado de ser relevante, por mucho que les pese sus mas encorajinados defensores. Si la democracia y la soberanía corresponden al pueblo como dice nuestra constitución, si el pueblo es el depositario de dicha soberanía y todos somos iguales ante la ley, porqué permitir que una familia ejerza el poder en este país y detente su representación en perjuicio de la voluntad popular.
Que se deje al pueblo soberano que legitime a través de las urnas la forma de Estado que desee. Ya se abrirá en su momento el debate que tipo de Republica. La monarquía española ha cumplido su ciclo, no tiene sustancia. Proclamaremos su caída con toda la emoción que se merece, teniendo respeto para quien todavía la defienda, aunque convencidos estamos de su situación anacrónica.
Si reclamamos el poder soberano del pueblo exigimos un ejercicio verdadero del sistema democrático. Mas que a un sistema democrático verdadero asistimos a un sistema partitocratico. Aquí el pueblo carece de órganos de expresión, constituyendo la representación una burda falsificación. El representante del pueblo en el Parlamento no tiene relación alguna con el pueblo. El Estado deja fuera a la realidad comunitaria. Y ante esta situación, qué solución se puede implantar?. La única solución es la implantación de una democracia participativa. Por medio de ésta se amplían los canales de participación del ciudadano en el proceso de toma de decisiones, aquí verdaderamente el ciudadano es quien decide.
Este concepto de democracia participativa apareció en los medios de comunicación de forma masiva desde que se celebro el foro de Porto Alegre, destacando el del presupuesto participativo. La idea es la creación de consejos de participación, órganos en los que las organizaciones sociales puedan opinar ante representantes de la administración para que escuchen su opinión, teniendo en este caso los consejos un carácter asesor o consultivo pero sin capacidad de decisión.
Pero la democracia participativa que reivindica Porto Alegre no es realmente una democracia directa, porque incluso el termino de participativa está mal utilizado, solo hablan de participación y la verdadera democracia es DECISIÓN. Y Francisco José Cuevas explica muy bien en su articulo “Las insuficiencias de la democracia participativa” cuando habla que realmente lo que promueve la izquierda y los partidos progresistas no es verdadera democracia directa, sino una especie de co-gestion. El poder se ha dado cuenta que las instituciones democráticas y los partidos políticos están en un preocupante proceso de deslegitimación que les obliga a buscar nuevos cauces de relegitimación, intentando llevarse a su vera a asociaciones, sindicatos y ONG’s.
La co-gestion es pan para hoy y hambre para mañana, porque nunca se va a tener el poder de decisión total que es lo importante y el verdadero fin de la democracia participativa.
Y entonces que se entiende por verdadera democracia representativa?. Aquélla en donde tiene cabida las asociaciones políticas, partidos, asociaciones de vecinos, sindicatos, colegios profesionales, colectivos de estudiantes, amas de casa, etc. Al permitir la presentación directa del pueblo, sin el uso de intermediarios, se sale de la trampa de la democracia representativa. ya que son estos colectivos quienes tienen el poder de decisión.
Un solo ejemplo. El papel de los sindicatos. Aunque se parta de la base que los medios de producción tienen que estar en manos de quien los trabaja, el papel de los Sindicatos es importante para su contribución para la regulación del mercado de trabajo, coordinar la participación de los trabajadores en la dirección de la empresa y en el reparto de los beneficios, en el desarrollo de normativas que afecten a la legislación laboral, prevención de riesgos, seguridad social, etc.
El desarrollo de una democracia participativa rompería el sistema exclusivista partitocratico dando paso a un sistema plural en sus ideas y en las instituciones que lo sustentan. Y se haría verdadero la máxima, tu participas, tu decides.
Pedro Ignacio.
Caramba, pues has abierto varios melones de una sola tacada. La República, la crisis de la partitocracia, la Democracia Participativa… nada menos. Sobre este último punto me gustaría partir diciendo que me parece mucho más interesante la cuestión vista desde el punto de vista de la derecha que desde la izquierda. De hecho, en España contamos con la reflexión de Gonzalo Fernández de la Mora que es interesantísima y mucho más seria, a mi modo de ver, que la del movimiento antiglobalización y sus piojosos activistas.
Éste es verdaderamente un tema de gran calado, que no vamos a poder zanjar en los estrechos límites del blog. Pero a modo de comentario me gustaría decir que la Democracia Participativa es poco menos que un hermoso sueño. La dificultad no radica en restar poder a los partidos (bastan un par de Decretos-Ley), sino en desideologizar a la sociedad para que pueda participar libremente y sin intermediarios en la toma de decisiones sobre los temas que la afectan inmediatamente. Pero quien es socialista de corazón no va a dejar de actuar en clave socialista nunca, y lo mismo vale para el fascista, anarquista o liberal. La Democracia Participativa propugna una democracia política y no ideológica; requiere de ciudadanos capaces de establecer sus intereses reales y de elegir al mejor gestor para lograrlos sin necesitar el visto bueno del partido con el que simpatizan. Y eso, lamentablemente, es una utopía.
¿Un ejemplo?: la lógica más elemental debería determinar que el actual candidato al Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, Miguel Sebastián, no obtuviera sino un puñado de votos de despistados: es un candidato pésimo en todos los sentidos de la palabra. A pesar de ello, cosechará centenares de miles de votos. ¿Por qué? Porqué la gente no distingue entre candidato competente y candidato incompetente, sino entre candidato de éste o de aquel partido. La ciudadanía no actúa políticamente (votar siempre por la mejor opción, sea del color que sea) sino ideológicamente (votar siempre a los míos, aunque sólo sea por fastidiar a los otros). En una Democracia Participativa, los socialistas se limitarían a decir: “Sebastián, dínos majo: ¿qué quieres que votemos?”. Y a votar. (Los del PP lo mismo, aunque en este caso les asiste un poco más de razón, a mi corto entender).
JUAN RAMÓN (19.02.07 a las 20:21)
Democracia y castas politicas. Nuevo articulo en: http://jarabeautentico.blogspot.com/2007/02/la-casta-politica.htm...
JARABE AUTÉNTICO (21.02.07 a las 14:21)