No es cierta: la disyuntiva que Aznar acaba de plantear para Hispanoamérica es poco menos que un espejismo nacido de su integrismo NeoCom. Decir que uno de los caminos políticos que se vislumbran en el continente (el suyo, el neoliberal) conduce a la prosperidad mientras el otro (genéricamente, el socialismo del siglo XXI) lleva a la miseria y el caos, no es sólo una falsedad sino también una idiotez (en el sentido aristotélico del término, ¿eh?, el de ubicarse fuera de la realidad social).

El neoliberalismo no ha hecho otra cosa por la miseria en la América Hispana que aumentarla, institucionalizarla, inocularla hasta el más recóndito tejido del cuerpo social. Su prometido desarrollo nunca acaba de llegar, a pesar del apoyo incondicional de las grandes multinacionales en la extracción de los recursos naturales. Y esta es la clave. La mentalidad NeoCom se caracteriza no sólo por su idiotez (clásica, ¿eh?), sino por su presunción de que el mundo se estrena cada día; una inteligente forma de evitar enfrentarse a sus fracasos y reconocer su ineficacia. Porque la miseria a la que Aznar alude es resultado de los años y las oleadas de liberalismo desplegados en la zona, especialmente desde el término de la Segunda Guerra Mundial cuando las pretensiones imperialistas (sic) de los EE.UU. se revistieron del aura de la victoria (militar, que no ideológica) sobre el fascismo en Europa.

Lo máximo que se puede reprochar a ese “Socialismo del Siglo XXI” es que continúa siendo una incógnita que nadie, ni el sabio de Aznar, es capaz por el momento de despejar. Pero lo que se le puede reprochar a ese liberalismo idílico en el que los NeoCom cifran nuestra felicidad futura es que ni funciona ni ha funcionado nunca, dada su proverbial capacidad para hacer ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.

El maniqueísmo del PP, la distinción entre el camino del bien y el camino del mal, ya no cuela ni en Economía.